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Noticia4

Una casa soñada

En el año 1824, Juanito Bosco tuvo un sueño que quedó profundamente marcado en su mente y en su corazón. En él, se encontraba en medio de un grupo de niños que peleaban y se insultaban. Se siente fuertemente llamado a detenerlos y ayudarlos, pero no sabiendo cómo, la Virgen María le recomienda hacerse su amigo, para que con cercanía, cariño y paciencia, pudiese ganar su confianza y amarlos entrañablemente.
Ese sueño lo acompañó a lo largo de su vida y, ya ordenado sacerdote, comenzó a darle forma. En Turín se encontró con una realidad juvenil que lo golpeó fuertemente: jóvenes abandonados, otros recién salidos de la cárcel, y muchos migrantes que llegaban en busca de trabajo. Interpelado y conmovido por esta realidad, y con aquel sueño latente en su interior, comenzó a darle forma al Oratorio: una gran maquinaria de propuestas educativas, de acompañamiento y de vínculos impregnados por el amor, la razón y la religión, que fue una respuesta eficiente e integral a las necesidades de aquellos jóvenes turineses.
No estaba seguro cómo aquel sueño germinal, le daría forma a ese Oratorio que iba naciendo. Sí sabía que tenía que tener un patio, donde los jóvenes pudieran jugar y encontrarse como amigos. Entonces el Oratorio tuvo patio. Sabía también que la experiencia religiosa era capaz de llenar los corazones de aquellos jóvenes, sedientos de amor y de una mirada que sólo el Dios de Jesús podía tener. Entonces el Oratorio fue parroquia, capaz de acompañar la vida de fe de aquellos predilectos de Dios. Muchos de esos jóvenes no tenían un oficio con el cual valerse en la sociedad o incluso muchos eran analfabetos. Entonces el Oratorio fue escuela que educa para la vida. Y así empezó a funcionar el Oratorio, siendo patio, parroquia y escuela.
Pero hubo una noche, en que ese sueño que iba tomando forma, tuvo un giro inesperado para Don Bosco. Era una noche lluviosa, cuando un joven llamó a la puerta del Oratorio pidiendo pasar la noche. Según nos cuenta Don Bosco, venía de un pueblo lejano y no tenía a nadie. Huérfano de padre y madre, había gastado los últimos tres francos que le quedaban. El joven le dijo: “ahora no tengo más nada y no soy más de nadie”. Esas palabras fueron para Don Bosco como un puñal. Se dio cuenta que su Oratorio tenía que ser también casa: un lugar donde sentirse amado y sentirse en familia, un lugar donde estar cuidado y protegido, un lugar donde vivir con personas que den una segunda oportunidad. Entonces el Oratorio, fue casa que acoge.
Hace 3 años, nació Casa Valdocco como parte de aquel sueño inspirador de Juanito Bosco. Nació para ser una casa que acoge, cuida, protege y es familia para muchos y muchas que, como aquel jovencito en la puerta del Oratorio de Don Bosco, hoy llaman a la puerta del corazón salesiano del Uruguay.
Aquel jovencito en la puerta del Oratorio de Don Bosco, llegó en la noche y en medio de una tormenta. Casa Valdocco es una casa que ilumina la vida, tratando de disipar las tinieblas de las noches de la vida, y es casa donde aplacar la tormenta del corazón. Aquel jovencito se encontró con una Mamá Margarita que lo acercó al fuego, lo abrigó y le sirvió un plato de sopa. Casa Valdocco es una casa donde la calidez y el resguardo no faltan, y donde la mesa se comparte cotidianamente.

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